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8.9.14

A M O R E

a z u l

Cuando tú y yo hablamos nos une esta corriente que llega hasta las rodillas. Es un cieno azul y bajo su tránsito van los que murieron en pecado de amor. Veo tu pelo, ves mi ropa, veo tu pose esculpida en décadas, ves mi reloj detenido.  Una boca que en vez de beso tiene pez. Llego a ti cada vez que con dedos repaso lo subrayado en tus libros. Querría volver a empezar, volver a empezar desde lo cierto. Un componente in absentia organiza el despliegue del universo lírico.  Unas veces, y otras veces tan solo no está.

a m o r e

En clase dijimos El amor conyugal en la literatura del siglo XX. Yo apunté a Moravia, a Manganelli, apunté a Perec. Tracé para el trabajo final del curso un comentario sobre la novela de Moravia: nunca desoír el alarido, el hambre lupina, boleto sin rumbo, caminatas en el bosque en el aire de la noche: el aire perfumado de la noche que disuelve en burbujas sobre la tierra húmeda filtraciones fértiles para el deseo, feromonas para los lobeznos. Escribiría que es fórmula probada para el oprobio y que hubo siempre una que fue desleal por lealtad a sí. Entonces ella dice: la obesidad o la vida. Ella dice: dónde están las galletas. ¿Que las hormigas han tomado la casa y el matrimonio? Él dice: interpretación semiótica y todo se despliega en apartados tan claros, divisiones autoexcluyentes y repentinamente lo veo: el primero en borrador.  No, las hormigas no tomaron la casa, comprobado que las hormigas no se comen las tortillas de harina.  Las ganas, los sueños de buscarlo afuera. Y nosotros dos en la noche, juntos, cosidos, hechos el uno para el otro ¿o sin alternativa? Como para decirles a aquellos que no creen en el amor conyugal que les concedo la razón en esas zonas grises y sub-zonas neblinosas del día a día. Entré en pánico al imaginar que iríamos a juicio y que el que las cosas anduvieran tan mal en casa significaba que no había hecho mi tarea, nuestra tarea. Lo que para mí se deshacía, para ti había sido la vida como la conocemos desde que dejaste la universidad. No pude al día siguiente con el peso de la verdad en una clase de literatura, no pude escribir que mi árbol torcido era de cualquier manera mejor para escalar: que llegaría más lejos, descalza, con el pelo sucio, rasgaduras y vuelta animal. Que estaba viviendo todo otra vez (desde lo cierto) y que me apropiaba en ese momento de las palabras anteriormente dichas y que siempre estuvo expuesta la verdad y que eso nunca fue lo que necesitamos. 


a / d i o s e s


Llegar a decir es real el enamoramiento años después, cuando veo tu fotografía y eres hermosa. No se dice nada cuando unas lánguidas arrepentidas palabras son indignas de esa persona. A penas palabras que volaran. Volaran para ti/por ti. Un episodio así, luego el amor, de día, de noche, como un ángel. Con ademán discreto desarrugaste mi blusa por el hombro y todo (el suelo, el edificio, la tierra) caía: filtrados en la noche volver al hogar, el lugar, el locus en silencio.

21.3.12

Precisamente todos esos pensamientos me cruzaban como nube, mientras los ojos insistían en disimular que la conversación tuviera que irse por tantos vericuetos. La parte que se dejaba alzar. La parte que se aferraba al suelo. Ninguna de las dos. Ni el reverso. Momentos en los que sincerarse es más raro que ejecutar el ritual, miniritual, que al fin no es ilimitado. Yo tengo prisa porque me deje la nube... pero ella sabe su tiempo. ¿Y para qué es?

25.2.12

cicatriz

Luego te encontré en los ojos de tu hijo, él ya convertido en un hombre, buscándose la vida, apartado de ti. Estabas detrás de esas dos redondas luces verdes, los círculos con el infinito dentro que se contraían y expandían hasta enfocarme bien: mi cara. De la misma, exacta, manera en que mi cara es borrosa ante ti.
     Lo que me angustió es que se podía ver en sus facciones lo mal que te había tratado a ti la vida y todo...como si le hubieras heredado la cicatriz de tu rostro, arriba y abajo del ojo derecho...

12.1.12

Igual y porque soy muy cabezona no me entra esto de que siempre se escribe para un "otro". Más bien, con los años (los fallidos años) he llegado a estar segura de escribir tan sólo para inventar ese otro que falta. Y qué hay de los días, los interminables increíbles días en que en lo que se escribe, uno es el otro. Quizá tras lo que siempre andamos ese ese maravilloso "uno". En todo caso, no me lo pregunten a mí.

26.11.11

hablando de líneas

¿Lo dirán las líneas, los giros, los nuditos, los hilos de colores, los torcidos, los puntos, los remolinos...? Desperté con sílabas de otro idioma patinando en las rampas de mi mente y mi primer reacción fue asomarme a ver si llovía. Alguien quitó del escenario ramas de árboles y pájaros, por lo que últimamente he perdido cierto amor por las ventanas. No, no mi amor completo. Recuerdo alguna vez habernos dado un beso con los ojos, párpado contra párpado. Recuerdo otra vez haber visto muy de cerca tu pupíla viéndome. Recuerdo, en otra vida, ver que tus pupilas temblaban de pura contención. No sé si me veían a mí, no creo. Recuerdo... ¡pero si hoy no era día para recordar!

Manos, flecos, sienes, perfiles, caricias raras... imaginando lo que se sentía. El deseo no puede ser ese helado que encuentras al fondo del congelador, olvidado ahí el verano pasado. No, señora, el deseo es otra cosa, opera siempre bajo un seudónimo porque no está al servicio de nada. Y hay días enteros, medianoches detenidas, tardes ínfimas en que has sentido ganas de orinar, unas ganas maravillosas, las más típicas, pero tan superiores a eso que tú llamas amor.

23.11.11

después de tarde

Había tanto que entender. Y sólo después de años (pero de verdad te estoy hablando de una vida completa después), y ÚNICAMENTE porque se acercaba el final, comenzaste con las preguntas. Dolió mucho. Fue como verte llegar con una retroexcavadora a sacar la tierra de mi pecho porque querías ir muy hondo. No se escondía la verdad en lo más profundo; "la verdad" me había transformado por completo. Las respuestas que te hubiera encantado encontrar habían mutado bastantes veces, lo habían hecho tratando de sostenerse en el ambiente porque estaban ahí y nunca las tomabas. Estaban ahí y tú todavía ni soñabas con un día tener listas las preguntas. Una cosa es darse cuenta de que llegas tarde mucho tiempo después del punto exacto a partir del cual ya es verdaderamente tarde... pero lo tuyo fue: nunca llegar. ¡Y después hacerlo! Como el milagro que nos iba a salvar y llega cuando ya son tierra nuevamente nuestros huesos. Ni siquiera hay quien sea testigo del hecho. Cómo explicarte. ¡Cómo explicarte lo tarde que fue!

17.11.11

¿En qué lugar del tiempo va extendiéndose
la bruma que me envuelve? El antes es después,
lo que pasó no ha sido, lo que aún 
ha de venir acaso está ocurriendo.
¿Quién soy? ¿Quién desde dentro de mí me desconoce?
¿Fui niño un día, o fabulé una historia
que en los malos momentos a vivir me ayudara?
 Eloy Sánchez Rosillo, La vida [Fragmento]

Extraño recorrido es cruzar la selva de lo que fue, es, será. Interactuar con mi memoria de ti como en el sueño. En el sueño y en mi recuerdo te tengo por completo y tú sólo tienes de mi la parte que siempre hizo un entero del fragmento. Para decir, a la mañana siguiente, que no era yo, y años después, que siempre estuve. Sólo nos completamos en el recuerdo, fracciones cuya suma excede el total. Y qué. No estoy peleada con eso. Hoy querría decepcionarte otra vez. Dejarte morir otra vez, como a las plantas que dejé de cuidar quizá porque espero de ellas una lección de vida. ¡Espero de ellas que vivan, que vivan a pesar de mi, y si no, el reclamo! Hoy, a la distancia, me hablas de amor, amor como el que yo no conozco, no sé por qué. Siempre he pedido más amor del que he sentido, no sé por qué hago eso. Luego hay noches, ratos en que se desata una manía y tengo como un amor que se parece al hambre, se parece al instinto. Precisamente cuando todos duermen soy como el lobo que tiene hambre de niños. En cada uno de nosotros el lobo es esa parte que dice: no quiero nada del amor si no es un crimen, si no soy uno de los dos en ese crimen.

5.6.11

En/entre

Escribir es no ser nadie (personne). “Muerto”, decía Thomas Mann. Cuando escribimos, cuando llamamos, ya somos semejantes. Inténtenlo. Intenten cuando están solos en su habitación, libres, sin ningún control del exterior, llamar o responder por encima del abismo. Mezclarse al vértigo, a la inmensa marea de los llamados. No sabemos gritar ese primer grito, esa primera palabra. Tanto como llamar a Dios. Es imposible. Y se hace.
-Marguerite Duras

La música no me entra: yo me sumerjo en su mar vibrante. Todo llega a mí retardado por los muros, engrosado por la compresión del eco. Necesito más, más de decir sin punto fijo, sin ver a dónde, sin ver de dónde. 

Casi tengo la rutina perfecta, sin embargo, la ciudad se cae. Lo que hemos hecho como voluntarios no está organizado, no tiene fin ni propósito, no ha ido a ningún lado. Imagino mi vida en otros lados. Aún hay cosas que me debo. Irse de aquí es negar la realidad de una manera lamentable. Quedarse es seguramente morir, vivir con la muerte, vivir la muerte. Pocas cosas buenas le quedan a esta ciudad. Dicen que es una guerra. En la guerra hay historias. A la gente lo que trae adentro se le está saliendo. Especialmente lo que trae adentro y no sabe. 

Los días son macabros. Por la noche nos tomamos de la mano para enfrentar juntos el vértigo del sueño. En el sueño nos están matando. 

Con todo, no hemos entrado en el umbral del exterminio, no por otra cosa sino porque no nos ha llegado el turno. Pero la máquina de matar está encendida, está trabajando a tope, tiene tanto que descuartizar. Y hay tanto que no hemos desenterrado, lo que sugiere que esto no es nuevo, que la echaron a andar mientras: escribíamos poesía, paseábamos en bicicleta, corríamos bajo la lluvia... 

No es el verano, sino la última parte de la primavera. Los colores duraron un par de semanas, el resto fue calcinación y polvo.